jueves, 13 de julio de 2017

PRINCIPAL DE PRIMERA PLANA

Más muertos y menos
policías en violento Gro.
Margena de la O.--Desde que inició 2017, en Guerrero mueren en promedio seis personas al día. Un estado, donde hay un policía por cada 897 habitantes. Así lo dictan las cifras del Secretariado Ejecutivo del Sistema Nacional de Seguridad Pública hasta mayo, el más violento en lo que va del año.
Según el Informe de víctimas, secuestro y extorsión 2017 del SESNSP, de enero a mayo, o sea en un lapso de 151 días, asesinaron a 955 personas, cifra que también corona a Guerrero como una de las entidades con más muertos en los últimos 10 años, con base en recuentos de la federación.
Para los policías estatales también se ensancha el reto de dar seguridad a los guerrerenses, porque cada vez son menos, mientras los riesgos de sus deberes aumentan.
El último día de mayo, la Secretaría de Seguridad Pública de Guerrero
removió de tajo a 176 elementos después de que pararon labores para exigir respeto a su jornada laboral y la asignación de un mejor bono de riesgo, pero el anuncio oficial de su despido argumentaba que faltaron a su deber. En mayo asesinaron en el estado a 216 personas, la cifra más alta todos los meses anteriores.
Los 176 policías despedidos bien podrían fortalecer los operativos de seguridad de Chilpancingo, uno de los cinco municipios más violentos del estado de acuerdo a la clasificación que hizo el gobierno federal, y hasta les quedarían reservas para apoyar en otros lugares que necesiten refuerzos.
Estos cálculos los hizo uno de los policías que en este texto se llamará Luis, por seguridad; es uno de los elementos despedidos. En Chilpancingo hay 110 policías municipales en funciones.
LUIS, UN POLICÍA EN GUERRERO
El caso de Luis engloba la condición de un policía en este estado que refleja la violencia con muertes. Unos días antes de que lo despidieran, estuvo en el operativo que el gobernador priista Héctor Antonio Astudillo Flores ordenó se instalara en San Miguel Totolapan el 12 de mayo pasado, cuando unos hombres armados tenían bloqueada esa cabecera municipal de la Tierra Caliente con varios retenes fortalecidos con vehículos de pasajeros incendiados.
El gobierno del estado atribuyó esos bloqueos a gente del grupo de delincuentes La Familia Michoacana. Dos madrugadas anteriores, unas personas armadas ingresaron en el poblado de La Gavia, el lugar de San Miguel Totolapan que la Fiscalía General del Estado (FGE) ubica como el asentamiento de Los Tequileros, otro grupo de delincuentes de la región, donde ocurrió un enfrentamiento que duró más de 10 horas y cerró con ocho personas asesinadas, de esos cinco cadáveres calcinados que identificaron como miembros de La Familia Michoacana.
En los nueve días que el policía Luis permaneció en operativo de San Miguel Totolapan, nunca cruzó el perímetro de la cabecera municipal, esa fue la orden de sus mandos aunque él valorara que hacía más falta en la parte alta del municipio, en lugares como La Gavia, lo dice al quejarse de cómo el gobierno estatal de Héctor Antonio Astudillo Flores prescindió de ellos sin considerar las condiciones de los policías y las de Guerrero en temas de seguridad.
–¿Y eso por qué lo hicieron?
–¿De mantenernos ahí? Para darle tiempo a un delincuente de que se vaya a adentrar más a la Sierra. Hasta que se vino todo el operativo es que empezaron a subir, que creo agarraron un arsenal, pero eso ya fue puesto, a adivinar por quién. Los mismos mandos tienen nexos y les dicen saben que va a ver un carro ahí tirado para que den resultados.
El 19 de junio emboscaron en La Gavia a elementos de la Agencia de Investigación Criminal (AIC) de la Procuraduría General de la República (PGR) que realizaban un operativo para detener y mataron a cuatro, los que sobrevivieron denunciaron en una entrevista de televisión de cadena nacional comentaron de su sospecha de autoridades inmiscuidas con gente de la delincuencia en la región, porque sus agresores sabían de su ingreso al lugar identificado como asentamiento de Los Tequileros.
“Estuve en los narcobloqueos, y me dijo el general que apagara con un extinguidor un autobús. En qué cabeza cabe, era un autobús de Estrella de Oro, antes de llegar a Arcelia. Eso fue el día 12, en la carretera Ciudad Altamirano-Arcelia, rumbo a Palos Altos”, dice el policía Luis de una orden que recibió durante los bloqueos de mayo en San Miguel Totolapan.
La gente de San Miguel Totolapan le llegó a decir a Luis que los policías no hacían falta en la cabecera, que los necesitaban arriba, donde estaba el conflicto. “Yo les dije, yo no soy la persona indicada, por qué, yo no tengo en mi poder a tanta gente, a la gente que tenemos aquí la traigo desplazada”, comenta y explica que los policías que son asignados en operativos los mueven desde otros lugares inseguros donde los asignaron antes.
GUERRERO, ESTADO DE MÁS MUERTOS Y MENOS POLICÍAS
La última evaluación que realizó el Secretariado Ejecutivo del Consejo Ejecutivo Estatal de Seguridad Pública, fechada en mayo, indica que en Guerrero hay 3 mil 937 policías estatales. De todos los enlistados evaluaron a 3 mil 8 42 evaluados y 611 reprobaron los exámenes de control y confianza; a 109 todavía no les dan resultados de sus pruebas.
Luis llevaba 11 años en la corporación, ingresó a los 25 años; antes estuvo en la milicia, donde llegó al rango de cabo de infantería. Por las acreditaciones que consiguió en la corporación y las prestaciones que logró con sus compañeros antes, mantenía un salario medianamente aceptable, aunque no se viera reflejado por el préstamo que pidió para curar a su esposa de un tumor en uno de sus senos; le quedaban 8 mil de los casi 13 mil pesos que refleja su nómina.
A su familia, esposa e hijos, los tiene en un lugar de la zona Norte, de donde es originario, y él sigue en Chilpancingo en alerta de cualquier indicación de sus compañeros con quienes se mantiene en protesta pidiendo su reinstalación. Para mantenerse ha trabajado de lo que se pueda junto a su compañero de la región Montaña.
En una de las protestas Luis narró a manera de hazañas los dos enfrentamientos con delincuentes que libró. Uno ocurrió en la comunidad de Nanche Colorado, en la Tierra Caliente, el 20 de julio de 2014, policías y delincuentes frente a frente, o dicho por él, en un topo, con las mismas oportunidades para reaccionar, pero los delincuentes terminaron huyendo. El otro lo citó en Cocula, en la zona Norte, en el perímetro de Nuevo Balsas y Real de Limón, en un operativo para localizar a un hombre que apodaban La Burra que extorsionaba y secuestraba a gente de los pueblos de la ribera del río Balsas; recuerda elementos y militares muertos y heridos.
Cambió el tono de hazaña a tragedia cuando confiesa que también vio morir a tres de sus compañeros con quienes inició en la corporación, en la emboscada que les hicieron en Pueblo Viejo, en la sierra del municipio de Heliodoro Castillo, el 23 de agosto pasado. “Nos daban por muertos, en realidad hubiéramos muerto todos, porque eran un centenar de sicarios contra nosotros”, comenta.
En una reflexión de su suerte de entonces y su infortunio de ahora, Luis soltó: “no me mataron los sicarios para que ahora el gobierno nada más una patada y ya”. Es cierto, en Guerrero cada vez son menos, incluidos los policías. (lasillarota.com).

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